martes, 28 de octubre de 2014

La enseñanza e-learning versus enseñanza a distancia.





Si bien ambas modalidades están relacionadas, teniendo en cuenta que están diseñadas para un alumnado no presencial, hoy sería fácil echar abajo muchos de los aspectos de la enseñanza a distancia con respecto a la enseñanza e-learning, simplemente teniendo en cuenta los avances tecnológicos y de comunicación que ha habido a lo largo de estas últimas décadas. Los manuales por correo postal, la lenta actualización de los libros, los recursos multimedia obsoletos, etc. son hoy mucho más fáciles de mantener al día gracias, simplemente, a la existencia de Internet. Las plataformas de comunicación como Facebook, Twitter, etc. las aulas virtuales, el formato PDF, y muchos otros soportes han facilitado sobre manera esta labor. El envío por correo postal, la llamada telefónica de antaño, las fichas mensuales, las correcciones, fueron útiles en su momento y cumplieron su función, pero hoy, los entornos virtuales de aprendizaje, los RAE (recursos abiertos para la enseñanza), las plataformas gratuitas, la nube, los repositorios de recursos, las aplicaciones de comunicación en sus distintas versiones y gratuitas como Twitter, Facebook, Wasap, Hangouts, etc. han supuesto un cambio revolucionario en los métodos de educación a distancia. Bien es cierto, que podríamos decir que la educación a distancia no es sinónimo de educación en línea, pero es indudable que la existencia de los recursos tecnológicos actuales han cambiado los métodos de comunicación y de intercambio de recursos y por ello es un paso obligado para la educación a distancia, utilizar las ventajas que Internet aporta a la enseñanza a distancia.
No obstante, no conviene olvidar en este asunto, el perfil del alumnado de este tipo de enseñanzas, sus circunstancias personales, o el entorno - óptimo o no, estable o cambiante - en el que el alumno va a llevar a cabo su aprendizaje. Es evidente que no es lo mismo vivir en una gran ciudad en la que existen multitud de puntos de acceso a Internet fiables, rápidos y gratuitos como bibliotecas, institutos, universidades, incluso plazas públicas o cafés, con un pueblo donde la cobertura es irregular, lenta, cara  o inexistente. También hay que tener en cuenta las circunstancias por las que el alumnado se apunta a un curso a distancia (en línea o no), y su entorno de aprendizaje. Puede ser que la opción de estudiar de  una manera no presencial  la haya motivado un ahorro de costes y tiempo en desplazamientos, o que venga determinada por una incompatibilidad de horarios para asistir a un curso presencial, o porque la oferta no exista cerca de su domicilio y opte por estudiar a distancia, en otra provincia, e incluso en otro país. Pero también existen alumnos con trabajos y vidas itinerantes, o circunstancias cambiantes que les obligan a optar, en determinados momentos por una enseñanza a distancia, que les permita continuar con su formación continua, en la que tengan que combinar los viejos métodos de manuales, (aunque sean de lectura en tabletas y formatos digitales) con las conexiones puntuales a Internet cuando las circunstancias se lo permiten. La metodología de la enseñanza a “distancia-en línea” debe atender estas circunstancias y tenerlas en cuenta en todos los períodos del aprendizaje.

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